Irene Reig: "La mayor recompensa es haber conocido a un montón de músicos con los que sigo trabajando hoy en día."

By Laura Gálvez - de febrer 09, 2026

IRENE REIG, DURANTE EL CURSO 2011-12 EN LA ESMUC


Entrevistamos a Irene Reig, saxofonista, compositora y actual profesora del departamento de Jazz y Música Moderna de la ESMUC. Como antigua alumna del centro, nos ofrece una doble perspectiva sobre la evolución de la escuela en el marco del 25º aniversario. En esta charla, repasa los desafíos a los que se enfrento como estudiante, reflexiona sobre cómo la institución la preparo para el mundo profesional y analiza cambios -como el relevo generacional en el profesorado y la paridad- que ha presenciado al regresar como docente. También comparte su versión de futuro para la escuela y una divertida anécdota de sus clases de composición.

                                                                                                                      Maria Moreno y Laura Gálvez


  1. ¿Qué recuerdas como el mayor desafío y la mayor recompensa de tus años de formación en la ESMUC?

– El mayor desafío fue, sin duda, tocar música a la que no estaba acostumbrada. En el departamento de jazz y moderna cada uno trae un bagaje muy variopinto. Llegar aquí y que de repente te pongan en un combo donde tienes que tocar el repertorio de un artista con un lenguaje que nunca has trabajado fue un reto. Yo me lo tomé precisamente así: aprovechar la oportunidad para meterme en un combo y tocar esa música nueva para mí. Por otro lado, la mayor recompensa es la gente. Tocar y conocer a muchos músicos que hoy en día forman parte de mis grupos, y con los que sigo trabajando. La ESMUC siempre ha buscado ser un centro de referencia y eso facilita crear estos vínculos profesionales duraderos. 


  1. ¿Crees que la formación que recibiste te preparó adecuadamente para el mundo profesional al salir de la institución?

– Sí, me dio una buena base, aunque pienso que faltaban cosas por ajustar. Al menos en mi departamento, creo que se podría ser más exigente y apretar más en el nivel o en conceptos básicos como la improvisación y la armonía. Siento que salí preparada, pero a su vez todos lo podríamos haber estado mucho más si la exigencia hubiera sido mayor. Supongo que las cosas han cambiado en estos años, pero esa es mi  sensación de entonces. 


  1. Como exalumna y ahora profesora, ¿cuál es el cambio o evolución significativo que has presenciado en la ESMUC?

– Veo que el nivel general del alumnado es un poco más alto ahora, al menos en nuestro departamento. Antes había figuras que despuntaban mucho individualmente, pero ahora la media general es superior. Otra evolución muy positiva es la incorporación de profesorado  más joven. Tener un rango de edades amplio en el claustro es enriquecedor; a veces te apetece aprender de la experiencia de un profesor mayor, y otras veces prefieres a alguien joven que esté muy activo en la escena actual y te aporte una visión más del “aquí y ahora”.


“Poco a poco se está luchando más por la paridad; cuando yo entré no había ni una profesora en mi departamento y ahora eso está cambiando.”


  1. ¿Qué crees que hace a la ESMUC única en el panorama de la educación musical superior?

– Lo que más la diferencia es su accesibilidad. Es una institución pública, lo que permite que mucha gente pueda acceder a unos estudios artísticos que normalmente son muy elitistas y caros. Esto es un punto muy positivo que la distingue de otros centros. Además, esto contribuye a que el nivel del alumnado sea alto, ya que atrae a mucho talento. Cuando entras aquí y te toca hacer grupos o música de cámara con gente de tu nivel o superior, el aprendizaje se multiplica. 


  1. ¿Cómo crees que la ESMUC debe afrontar los próximos 25 años para seguir siendo relevante?

– Creo que la escuela debería trabajar mucho más su relación con la ciudad. Aprovechando su carácter público, debería ofrecer más retorno cultural: producciones musicales, masterclasses abiertas o ciclos de conciertos en colaboración con festivales y entidades de Barcelona. A veces veo que otras escuelas privadas tienen más facilidad para conectar con festivales, quizás por temas de gestión, pero la ESMUC debería hacer valer su posición para crear un win-win: ofrecer cultura a la ciudad y que los alumnos tengan prácticas reales en escenarios profesionales. Esa sería la meta que me marcaría: más actividades extraescolares y mayor conexión con el exterior. 


  1. ¿Hay algún proyecto o iniciativa de la escuela que te ilusione especialmente?

– Me gusta mucho el ESMUC Jazz Project. Le tengo un cariño especial porque lo he vivido desde todos los ángulos: lo realicé como alumna, participé como exalumna invitada cuando estaba haciendo mi máster fuera, y el año pasado tuve la oportunidad de dirigirlo y escribir música como profesora. Me parece un proyecto muy original porque cada año cambia de temática y de formación, saliendo de la Big Band para explorar otros formatos. 


  1. Para cerrar, ¿podrías contarnos alguna anécdota memorable de tu paso por la escuela?

– Recuerdo una clase de composición con Lluís Vidal. Tenías que llevar la primera idea para un tema. Yo había apuntado unos acordes que me gustaban mucho y tenía una rueda armónica preparada, pero como me había quedado sin papel pautado, lo apunté todo en una servilleta de cocina. Cuando llegué a clase y se lo puse delante para tocarlo, él me miró, dijo “¿Y esto qué es?” y se sonó con el papel. [Ríe]. Me la jugué bastante, pero fue una lección. A pesar de esa anécdota, las clases con Lluís me han servido muchísimo y es alguien a quien admiro profundamente como escritor de música.




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