Del shofar a la batuta. El director que quiso bajar del olimpo.
By Unknown - de març 05, 2018
Bernstein,
como buen alumno de modernistas, dedico la mayoría de sus grabaciones tempranas
a la música de compositores vivos —en esos tiempos, Coopland, Stravinsky o
Britten—. Una vez a la cabeza de la Filarmónica de
Nueva York, se puso a grabar casi todo el repertorio canónico; su gran output de grabaciones nos habla de un
romanticón en toda regla. Quizá el director no logró poner a su
orquesta en el top de los rankings de la MTV, no logró el sonido de
Stokowski, no logró la comprensión estructural de Boulez, pero
logro algo nunca antes visto, puso una orquesta en el centro de la vida
cultural de su ciudad.
Fiel a sus raíces rabínicas, Bernstein fue siempre un pedagogo, pero también un gran innovador en el uso de la televisión para la educación de la audiencia. Produjo programas para adultos y niños, aunque los primeros eran tan sofisticados y poco condescendientes en su aproximación que a los mayores por igual maravillaba. A pesar de lo crudo de los programas en la joven televisión, Bernstein explotó todas las posibilidades del medio con su intimidad, carisma, inmediatez y su habilidad para crear iconos culturales para una amplia audiencia –transformándose él mismo, por su acercamiento académico y su tacto familiar, en uno de ellos—.
No importaba si se trataba del proceso
composicional de Beethoven, la evolución del jazz o el Oedipus Rex de
Stravinsky, el maestro impulsaba, apretaba, insistía en ciertos valores musicales que aclaraba con
su cuidada exposición de ideas y sorprendentes yuxtaposiciones de ejemplos
sonoros, sin hacerse servir de la anécdota fácil o de la interpretación
programática que desde Bernstein han muerto en lo que concierne a
la apreciación musical. Además, los medios televisivos sirvieron directamente al
músico y su creencia en un continuum cultural, extendiéndose desde el blues rural hasta el Beethoven tardío con el
teatro musical americano como centro vital. Como esta visión se fue
desintegrando en torno a la década de los 60’, los programas de Bernstein —así
como sus composiciones— perdieron su camino. Pronto el director intentó
re-establecer su visión por medio de sus Norton Lectures, por primera vez las series fueron
específicamente diseñadas para la televisión ¡el director ya era toda una TV-celebrity! Estas fueron
extensamente criticadas en su tiempo, parcialmente por el uso de la gramática generativa de
manera algo simplista y para un aparente beneficio propio; por otra parte porque
su producción era sorpresivamente torpe y aburridas a la vista. A pesar de
esto, sus lectures son un potpurrí
fascinante de las obsesiones e ideas de Bernstein, alcanzando su clímax en el
gran sermón sobre Mahler
como figura central de la música del siglo XX; es aquí donde los instintos
pedagógicos y teatrales del compositor se unen en una apasionada declaración de
convicciones, las cuales sustentaron su destacada carrera. ¿Debería la academia
intervenir en los espacios populares? ¿qué lograron Bernstein o Rampal apareciendo en la
televisión? ¿desde cuándo la música clásica europea desespera por transformar
su elitismo en cultura de masas?
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